Momentos Decisivos

Hubo un incidente con uno de nuestros hijos. Él quería hacer algo de lo cual yo no estaba a favor; él sabía lo que yo pensaba y, sin embargo, yo sentía que él tenía edad suficiente para decidir, así que la decisión final era suya. Pasó el tiempo y descubrí que él escogió en contra de mi consejo. Más adelante, nos sentamos juntos para hablar de su elección. Yo le expliqué: «La elección era tuya. pero quiero aprovechar esta oportunidad para enseñarte de esto.

«Hubo un joven rey llamado Roboam. Poco después de comenzar su reinado, sus súbditos le plantearon una pregunta: ‘Su padre nos impuso un yugo pesado. Alívienos usted ahora el duro trabajo y el pesado yugo que él nos echó encima; así serviremos a Su Majestad’.

«El joven rey le dijo al pueblo que regresara en unos días para oír su decisión. Los consejeros de su padre le dijeron: ‘Si Su Majestad se pone hoy al servicio de este pueblo, y condesciende con ellos y les responde con amabilidad, ellos le servirán para siempre’ (1 Reyes 12:7, NVI).

«Ese fue un consejo bueno y sabio, pero el joven rey rechazó el consejo de ellos y acudió a los otros jóvenes. Ellos le dijeron: «Este pueblo le ha dicho a Su Majestad: ‘Su padre nos impuso un yugo pesado; hágalo usted más ligero. Pues bien, respóndales de este modo: ‘Mi dedo meñique es más grueso que la cintura de mi padre. Si él les impuso un yugo pesado, ¡yo les aumentaré la carga! Y si él los castigaba a ustedes con una vara, ¡yo lo haré con un látigo!'» (vv. 10-11, NVI).

«El joven rey, Roboam, prestó atención al consejo de sus amigos y obtuvo algunos resultados trágicos. El reino que su padre Salomón había edificado fue quebrantado, y diez de las doce tribus de Israel quedaron permanentemente fragmentadas cuando cinco de seis partes del reino quedaron quebrantadas por su puño de hierro. Una mala elección tuvo un alto costo durante el resto de su vida.»

Entonces le dije a mi hijo: «Regresemos atrás. Quizá durante años, el príncipe Roboam y sus amigos despreciaran el consejo de su padre Salomón, o de sus ancianos. Quizá ellos se reían mientras tenían copas de vino en sus manos y menearan sus cabezas en lo secreto de las cámaras reales ante lo que creían que era un consejo necio y anticuado. Puede que pensamientos vanos llenaran la cabeza de Roboam: Mantendré la paz mientras soy aún príncipe, pero cuando me convierta en rey no escucharé a estos viejos necios. Como príncipe, sus decisiones de ignorar y tener en poca estima la sabiduría de sus ancianos le costó muy poco; él no comprendía que la suerte había quedado establecida y un día él sería un necio aunque se creía sabio. Cuando llegó su momento decisivo, él carecía del patrón necesario para ejercer un sano juicio».

Continué: «Todos tenemos momentos decisivos. Son como exámenes con el libro abierto, pero no sabemos que hemos sido examinados hasta que se termina. Hijo, tú decidiste no seguir mí consejo y esta vez no te costó nada; pero llegará el día en que se presente un momento decisivo. Si ya has desarrollado el patrón de prestar atención al consejo sabio, lo seguirás de modo natural y te encontrarás a ti mismo grandemente recompensado«.

Dejemos a mi hijo y repasemos otro ejemplo. Los hijos de Israel no habían desarrollado el patrón de prestar atención a la Palabra de Dios. Él los liberó de la esclavitud, pero ellos repetidamente se quejaron y desobedecieron. Hubo ocasiones en que esa conducta parecía exigir un costo mínimo, y otras en que parecía afectarlos a todos ellos. Sin embargo, se estaba estableciendo un patrón en el proceso. Finalmente, llegó su momento decisivo. Doce espías fueron enriados a Canaán para examinar la tierra, la cual Dios había apartado para ellos. Los espías regresaron con un informe de quejas y muy negativo, y toda la asamblea los siguió y comenzó a quejarse como antes, pero en esa ocasión tuvo un elevado costo para ellos. Nunca entraron en la Tierra Prometida, y durante el resto de su vida estuvieron vagando. En un momento, perdieron todo aquello por lo cual habían trabajado; no hubo cambio de rumbo de su pérdida. Aunque ellos pudieron verla, nunca se apoderarían de ella, al igual que Roboam perdió las diez tribus durante el resto de su vida y las generaciones posteriores.

Hay una importante lección para jóvenes y viejos en esto: no hemos de obedecer meramente a Dios; tenemos que captar su corazón. Es entonces cuando tendremos una vislumbre de la sabiduría que hay tras sus instrucciones, y no sólo verlas como leyes. El joven príncipe Roboam nunca captó el corazón de su padre ni de sus ancianos. La generación más vieja de los israelitas nunca llegó a ver lo que Dios estaba haciendo o la bondad de su corazón hacia ellos, y lo perdieron todo.

Ahora, veamos la otra cara de la moneda. Hay ejemplos en las Escrituras donde los individuos vislumbraron el corazón de Dios y desarrollaron modelos sabios de toma de decisiones. Cuando se produjeron esos momentos decisivos no detectados, ellos respondieron correctamente y recibieron grandes recompensas.

La manera más sencilla de no perder aquello por lo que hemos trabajado es desarrollar patrones para honrar regularmente el consejo de Dios. Cada día se nos presentan oportunidades de hacer elecciones. Llegará el día en que miraremos hacia atrás y sabremos que estuvimos en un momento decisivo, pero si hemos desarrollado patrones piadosos, los seguiremos, y, más adelante, entenderemos cuál es nuestra recompensa.

(Citado del Libro: Honra y Recompensa de John Bevere)

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